
Tempestades de pájaros y plumas, remolinos de tinta y espuma, temporales de luces y sombras, humaredas multicolor, explosiones de gris y obsidiana, campos de hielo y filigrana. De la boca entreabierta de un perro moribundo brotan trazos de fina mano invisible, y se dibujan un sol, un pulpo, un hombre extraño, el mar, el viento, un mono huraño, un nido de arpías y un ermitaño.
Un psicodélico portal de colores iridiscentes gira tras de una sombra antropomorfa, un elefante asiático acicala su espalda con talco egipcio, un niño pigmeo observa a un camello a través de unos prismáticos de lapislázuli, y un escarabajo azul oculta la luz del día en las ardientes arenas del Sahara.
La mente destruye los límites… tan sólo hace falta imaginar.
Un psicodélico portal de colores iridiscentes gira tras de una sombra antropomorfa, un elefante asiático acicala su espalda con talco egipcio, un niño pigmeo observa a un camello a través de unos prismáticos de lapislázuli, y un escarabajo azul oculta la luz del día en las ardientes arenas del Sahara.
La mente destruye los límites… tan sólo hace falta imaginar.
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